1- Volvamos a los 80s y 90s
Imagen tomada de El Salto
Yo soy hija de los 80s argentinos. Crecí en un mundo donde había que esperar, donde lo viejo convivía con lo nuevo y donde la gente conversaba, discutía y se volvía a ver la cara.
Claro que todo no eran rosas. También soy hija de la dictadura, la pos dictadura, las democracias que no se encuentran, la lucha contra el olvido y la impunidad.
Soy básicamente hija, como muchos, de contradicciones. Pero esas contradicciones se resolvían cuerpo a cuerpo.
Salimos siendo niños y adolescentes a escrachar milicos genocidas. Salimos adolescentes a luchar contra el neoliberalismo que comía nuestras instituciones públicas (y nuestro futuro).
Salimos entrando en la adultez a la calle al grito de "que se vayan todos" y tuvimos que ver con resignación como nuestro futuro se diluía en las manos de quienes se llevaban la fortuna y recursos de nuestro país.
Salimos en la adultez contra gobiernos que se decían nacionales y populares y tenían la peor estadística de desaparecidos en democracia.
Y todo eso se lo debemos a los 80s y 90s. Porque en esa época, si querías saber (de cualquier cosa), te tocaba encontrarte con gente. Si querías saber de las bandas que te gustaban, te tocaba intercambiar cassettes con otros. Te tocaba ir con toda la vergüenza a algún club de fans, encuentros en la plaza, acercarte al grupo con el que te sentías más afín y HABLAR. Entablar contacto. A veces salía bien, a veces mal, pero te tocaba aguantarlo.
Te tocaba ponerle el cuerpo a lo que creías y querías. No quedarte tuiteando. Y ahí, tocaba ver la realidad de que si lo que creías, era algo real. Si lo que querías, tenía algún asidero en lo concreto.
Inclusive a finales de los 90s cuando empezamos a conocer de qué se trataban los blogs, la Internet y esas cosas tecnológicas, era para conectarte con alguien de verdad. Uno de mis amigos de hace más de 20 años, inglés él, se vino de Inglaterra a mi casa a conocernos y nunca más dejamos de estar en la vida del otro. Cada dos semanas charlamos por llamada virtual y nos contamos de nuestros hijos.
Volvamos a los 80s y a los 90s. Pongámosle el cuerpo a la vida.