14- Maradona y la vida
No soy futbolera. Nunca lo fui y mi familia tampoco. A mi papá le gustaba el boxeo y ver carreras de autos. Todos los domingos me levantaba el ruido de la TV pública y los motores y el olor a comida polaca cocinada en manteca o grasa.
Me acuerdo que cuando volvió Mike Tyson, yo estaba en algún show de punk importante pero me acuerdo que dije que tenía que ir a casa temprano porque Tyson volvía y había que estar viendo juntos esa pelea. Claramente me arrepiento hasta hoy porque fueron minutos. Pero en fin, eso demuestra que lo importante en casa nunca fue el fútbol.
Ahora, el Mundial...el Mundial me tuvo con colchita en el piso para ver los partidos de CUALQUIER EQUIPO durante el mundial Japón/Corea que eran a las 3:00 a.m. Y eso fue por Diego Armando Maradona que nos tuvo a todos en el 86 tratando de seguir los partidos acomodados a horas hiper calurosas mexicanas para que los europeos pudieran ver los partidos a horarios decentes. Mi abuelo, los vecinos y yo nos quedamos como cuatro horas esperando el ómnibus de la Selección en el 90 pasar como un relámpago por la autopista.
Son las pequeñas pero grandes pasiones que sostienen la vida. Son nuestros hijos de los cuales somos los mayores fanáticos, no importa que caigan ("Me cortaron las piernas", dijo el Diego en el 94). Son nuestras conquistas cuando conseguimos, no sé, correr 3 km en 9 minutos aun sabiendo que estás lejos de lo que se consideraría bueno pero qué lindo es correr sin que nada importe (Diego abrazando a la selección eliminada en 2010 sin importar el 4 a 0; llegamos a cuartos de finales). Es el saber que podés hacer algún acto de empatía por el simple hecho de hacerlo, porque sos persona como el otro (Diego haciendo un partido en un barrio pobre de Nápoles por un nene que necesitaba plata para su operación...y que no se llegó con la plata y él puso el resto sin decirle a nadie).
Y son las grandes fallas también que nos hacen humanos. Diego tuvo mil y una fallas. Yo cuando era chica tenía un solo arito en la oreja porque Diego usaba un arito. Mi foto del DNI no miente. Pero cuando crecí y vi quién era, me saqué el arito y renegué de Diego. Porque él se decía padre y había dejado a su hijo solo en Italia mientras abrazaba a sus hijas en Argentina. Porque se drogaba tanto que mi ídolo fue sacado del Mundial 94, al cual aprovechando el 1 peso-1 dólar, fui dos partidos para verlo (la fiesta de 15 costaba lo mismo que dos semanas en el Mundial, locura total) y lo que vi, fue a él siendo conducido por una mujer de blanco fuera de la cancha (y las faltas en mi escuela pública, siendo gastadas junto a mi futuro escolar...). Vi fotos horrorosas en los diarios de Diego con chicas menores de edad y se me revolvieron las tripas.
Ahora que estamos en pleno Mundial y en este momento, mientras escribo, veo el partido de Argentina, me puse a pensar en Maradona: realmente él es todo lo bueno de una persona que salió de la nada y supo hacer algo con todo eso. Pero también es todo lo malo de una persona (punto). Tengo una hija y soy mujer. No hay cómo dejarle pasar lo que ya sabemos de él.
No sé qué lugar ocupa hoy en mi vida Maradona. Porque veo un video de él jugando y me emociona. Y me acuerdo. Y me da mucha bronca.
Creo que Diego es una síntesis de la vida: nada es 100%.
Nos resta saber, a los que disfrutamos un Diego pre-caída, cómo lidiamos con ese amor que nos merecía y esa decepción de saberlo un ser humano que dejaba mucho a desear.
Básicamente, cómo lidiamos sabiendo que la vida puede ser hermosa. Pero también muy terrible.