18- El alcohol y nosotros
En 2025, la OMS hizo un estudio sobre el consumo de alcohol en el mundo. En los países de América Latina, Argentina se lleva la copa de oro con 8 litros per capita. Lo que más se consume en nuestros países hispanohablantes con excepción de Uruguay (donde el vino predomina), es cerveza.

Vengo de una familia donde el alcohol trajo varios problemas y problemas serios. De ambos lados, especialmente el paterno pero no exclusivo. Crecí viendo el alcohol fluir como agua y naturalizando situaciones que no son para naturalizar. Tuve una buena infancia, no me quejo, pero mis recuerdos más fuertes son referidos al alcohol.
Ya de adolescente/joven, mis encuentros con el alcohol fueron de salidas con amigos. Como crecí con primos hombres, tomaba a la par de cualquiera y viniendo de familia eslava, la verdad que creo que los genes ayudan porque difícilmente me embriagaba rápido. Podía tomar mucho sin ninguna consecuencia. Claro que las había también y no eran bonitas. Pero como toda joven descubriendo el mundo, en algún punto me parecía divertido. Además, si en casa todos lo hacían, no le veía nada malo.
Crecí y mi relación con el alcohol se fue agravando. No en términos de alcoholismo, sino que cada vez que salía, tenía que haber cerveza (es lo único que tomo). Era como una condición. Salía para ver a mis amigos Y tomar cerveza. En ese momento no lo veía como algo serio, era natural, casi extensivo a mi brazo, que en una ronda de amigos, hubiera cerveza. No necesariamente era para emborracharse porque como dije, dificilmente llegaba a ese punto.
Ya adulta y casada, la situación se repetía. Si salía con mi compañero y amigos, era para charlar y beber. La cosa continuaba pero con marcas de cerveza más caras.
Cuando decidimos tener hijos, se cortó todo. Pero TODO. A nosotros nos llevó varios años tener hijos, así que fue un período complicado y a veces, terminábamos saliendo para relajar con amigos. Sin embargo, ya no era lo común y medio que al otro día venía la culpa de haber consumido alcohol mientras buscábamos un bebé. Quedé embarazada, tuvimos nuestros hijos, y por más de dos años no hubo nada de alcohol porque había que amamantar y porque bueno, bebés. No se puede hacer otra cosa además de cuidarlos.
Lentamente el alcohol volvió a entrar en nuestras vidas. Una cerveza aquí, otra allá, nos fuimos de mi localidad (otra vez) y nos mudamos para la ciudad de nuevo por trabajo (otra vez), la vida se volvió muy ajetreada y relajar el viernes o sábado era tomarse unas cervezas. En casa. Porque con los chicos no se podía salir. Ellos se iban a dormir y nos sentábamos a tomar algo.
Hasta acá, parece la historia de todo el mundo. Porque al final, cualquiera que consume un poco de alcohol o se relaja tomando una cerveza (o lo que sea), no es un criminal. Y ahí viene mi reflexión:
Hace un tiempo escuchaba un podcast de una psicóloga de chicos que hablaba de su año sin alcohol. Que había escuchado sobre el movimiento Sober curious (sobrios curiosos en buen español) y que le había gustado la idea de andar por la vida sin alcohol. Porque ella se daba cuenta que después del trabajo diario y familia, lo único que quería cuando terminaba el día, era sentarse en el sofá y tomarse una copa de vino. Y dijo -y fue lo que me hizo pensar mucho- "no quería que mi único deseo en el día fuera tomarme esa copa de vino".
La mujer no es alcohólica. Nunca lo fue. Solo se dio cuenta que al final del día, no quería charlar con sus hijos, compartir con su esposo, llamar a sus amigos sino relajar con una copa de vino. Y que está bien que pase algún que otro día. Pero se estaba tornando SU MOMENTO de relajarse. Y eso la había preocupado.
¿Por qué aceptamos que el alcohol entre en nuestras vidas como un amigo que nos ayuda a distendernos? ¿Por qué lo tomamos tan ligeramente? Pocas personas se paran a reflexionar sobre su consumo (que lo diga el ranking de la OMS sino).
Hace un tiempo vengo pensando mucho en esto y qué imagen del alcohol quiero que mis hijos tengan. Por eso, tiene mucho sentido para mí este movimiento de Sober Curious y estoy tratando de llevar mi vida de esa forma; si hay fiesta o encuentro, me quedo en el agua con gas (mi gran vicio). Y si surge la chance de beber, se hace de forma limitada. Hace un tiempo probé una cerveza de Bélgica muy rica y fue eso, una cerveza. El punto era probarla, no hacerla parte importante de mi momento.
Y no es necesario tener hijos para pensar en nuestra relación con el alcohol. Solo basta pensar cómo queremos vivir: dependiendo o eligiendo.
Y nada más.