19- De qué están hechas las memorias
Quien ha vivido con personas con Alzheimer, sabe que las memorias están hechas de retazos. Y retazos del pasado lejano. De cosas que nos marcaron. Buenas o malas. Sin distinción.
Mi abu supo que tenía un tumor en su cabeza cuando tenía unos 60 que no podía ser tocado. Se fue solita caminando al hospital público para averiguar sobre cómo prevenir posibles pérdidas de memoria cuando se perdió a dos cuadras de casa sin saber cómo volver y su yerno, mi papá, ya viéndola andar raro, la siguió por 200 metros para asegurarse que estaba bien. Y no estaba.
Encontró un grupo en el hospital que trabajaba con la memoria. COntar historias. Aprender cosas nuevas. Escribir (aunque mi abu solo hizo hasta segundo grado de primaria y se fue a trabajar al campo). Leer mucho. Hacer sopa de letras. Mi abu hizo todo eso, todo el tiempo.
Solo a los 84, cuando se fue mi abuelo, que empezó a decaer. Era 2015. Año que quedé embarazada y vinieron los dos bisnietitos en 2016. Ella me ayudaba a bañarlos, a cuidarlos, a dormirlos. Cuando en 2019 nos tuvimos que ir por cuestiones financieras de mi localidad, la abracé llorando a mi abu diciéndole que unos meses volvería. La pandemia nos agarró. Mi abu se perdió. Y se fue en plena pandemia pensando en mí como en una nena de 8 años. La última vez que hablamos por video llamada, un día antes de irse, me hablaba como si fuera una nena.
Hoy mi mamá con 68 años está igual. Se está yendo de a poco. Y yo lejos. Como con mi abu. Y su memoria se va al pasado. Y se va. Y es un proceso irreversible.
Nuestros recuerdos están hechos de retazos. Nuestras memorias son retazos de un manto que fuimos creando a lo largo de nuestras vidas (y no me quiero hacer la poeta acá, realmente creo que es la mejor analogía).
Hagamos que esos retazos sean importantes. Abracemos nuestros momentos. Que en medio del caos de las cuentas, de la vida, de la incertidumbre, lo que cuenten sean esos retacitos importantes.
Abracen la vida.