Resistencia carpincha

2- Desconectar(se)

Una de las metas que tengo desde el año pasado es desconectarme. No lo digo en sentido hippie ni versión spa medio pelo; lo digo en forma literal.

Literal y no radical. No hablo de abandonar aquello bueno que nos trajo la tecnología porque ¿quién quiere volver a hacer innúmeras filas para pagar cuentas, hacer depósitos o tener que ir a un laboratorio a buscar tus exámenes cuando los podés bajar en la comodidad de tu casa en PDF?

Pero hablo de (re)aprender a no depender de ella. Desconectándose de lo fácil, de lo cómodo, de lo simple. Como un ejercicio de conciencia sobre la utilidad de las cosas.

El otro día los pequeños tenían que buscar información sobre el bioma de una parte del país. "Dijo la maestra que lo busquemos en Google". Ellos ya saben buscar en Google (Startpage en nuestro caso). ¿Saben qué no saben? Buscarlo en un libro. Así que los invité a buscar la información en las enciclopedias que tenemos en casa.

Empezamos a pensar palabras los sábados por la mañana. Cualquier palabra. "Mesa". "Horizonte". "Volt" (esa fue maldad pura). Y a buscarla en el diccionario. Diccionario físico, de papel. A leer la definición. A entenderla. Nunca me voy a olvidar cuando en el primer año de facultad tuve que buscar la palabra "maniqueísmo". No la encontraba en el diccionario. No la encontraba en la enciclopedia vieja que tenía en casa (con decir que hacía una década había caído en Muro de Berlín y los mapas mostraban a la URSS...así de viejas). Armé una definición con lo que fui encontrando. Entendí el contexto. Y esa capacidad de comprensión me la dio el no haber nacido en la conexión permanente de un mundo hiperinformado (o hiper des-informado).

Los invito a pensar un poco la vida fuera de la Internet. No digo cortarla; leo muchos blogs y cosas interesantes por acá. Pero (re)aprendamos ciertas habilidades fuera de ella. Desconectémonos.

El cerebro te lo va a agradecer.

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