24- La conexión que desconecta
Hoy veníamos en el auto con mi compañero y familia. En una calle, una van de entregas quiere hacer una maniobra (girar en u) y tiene que subir a la vereda. Nosotros paramos el auto para esperar que girara y en eso pasa una chica por la vereda, por detrás de la van. Tendría unos veintipocos. Venía con unos auriculares gigantes y viendo el celular mientras caminaba. Nunca se dio cuenta que la van casi se la lleva puesta. El conductor la miró asustado. La vida siguió.
Seguidamente, paramos en una cafetería para tomar un café con leche y comer alguna cosa. Los chicos inventaron un juego con servilletas y lapiceras, mi compañero y yo éramos los participantes. Después nos quedamos charlando entre los cuatro de la nada. Siempre miro alrededor porque tengo como misión en la vida indignarme con la falta de capacidad de darle atención al que está con vos. Y una vez más, me ganó la indignación: todas las mesas y sus comensales estaban en el celular menos una además de la nuestra. Había parejas de cuarentones, en el celular. Parejas de jóvenes, en el celular. Un grupo de amigas, en el celular. Una familia, en el celular. ¿La mesa que no tenía celular? Tres viejos, dos señores y una señora charlando y riéndose.
Fui al baño con mi hija y había una mamá con un nene de unos cuatro años. El nene en el celular. Entró a hacer número dos con la mamá. Mirando el celular. ¿Cómo lo sabemos? Porque la mamá le decía que sostuviera fuerte el celular, que no lo dejara caer en el piso. Y sabemos también que mientras lo limpiaba, se le cayó el celular al piso porque lo retó. Salimos del baño los cuatro al mismo tiempo. Mamá e hijo de la mano. De una, porque en la otra, el nene iba con el celular, mirando mientras caminaba de forma automática.
Mucho se dice y mucho se habla sobre el daño que hacen las pantallas. Creo que ya no pasa por pantallas sino de cómo nos relacionamos. Sí, las pantallas tienen su cuota de culpa, pero la realidad es que elegimos las pantallas sobre las personas. Porque si adultos como yo -que vivieron las épocas en que había UNA tele en casa, que la compu la usabas en el locutorio porque era caro tener una, que el celular vino cuando teníamos unos veinte- se sientan en la mesa de una cafetería con otros y optan por pantallas, entonces es eso, una opción. Optan conectarse y desconectarse de quienes están con ellos.
Después que pasó lo de la chica, camino a la cafetería, yo comenté que qué terrible que la chica casi fue atropellada por estar mirando el celular. Mi compañero me responde diciendo que estaba en la vereda, de una forma u otra el conductor es el responsable si algo pasaba. Le discutí que como peatones también tenemos responsabilidades (yo no sé manejar) y que si bien el conductor es el mayor responsable de si pasa algo, estar atento como peatón es parte de nuestro ser ciudadano. Discutimos un poco más sobre el asunto y él me dice riendo: "igual, ella nunca se enteró de lo que pasó y nosotros acá discutiendo sobre esto". Y era eso: estábamos charlando sobre la existencia de alguien que ni registró la existencia de los otros.
Y así vamos por la vida. Conectados pero completamente desconectados de los otros. Y al desconectarnos, perdemos la capacidad de la empatía, de entendernos como comunidad, de ponerse en el lugar del otro. Porque para que todo eso pase, hay que reconocer al otro. Tomarse el tiempo de conocerlo.
Y hoy, solo vemos al otro en un short o reel de no más de 60 segundos.