25- Salir o resistir en las redes privativas
Si algo nos enseñaron los últimos años es que redes sociales como ex-Twitter e Instagram están teniendo un peso masivo e importante en la forma como la gente se informa.
Argentina eligió un presidente cuyo proyecto de gobierno era esencialmente cag@r al trabajador, cag@r a la clase más vulnerable, beneficiar al empresario (no, a vos microemprendedor que se cree Elon Musk no) y vender el país. El proyecto era presentado a gritos e insultos y con una motosierra a lo Jason en "Viernes 13". Y su proyecto de país no fue votado una sino tres veces.
Brasil salió de gobiernos con muchas cosas a criticar pero que había sacado al país en menos de dos décadas del mapa del hambre, le dio dignidad a más de la mitad de la población que estaba en la pobreza, implementó programas de ciencia y educación que llevaron a Brasil a ser la octava economía del mundo (hoy décima) y puso al país como ejemplo de avance. Votaron a un hombre que elogió frente a una sobreviviente de la dictadura y sus torturas (Dilma Rousseff, en ese momento presidenta del país siendo exonerada de sus funciones por medio de un impeachment) y que en medio de la pandemia, hizo chistes de personas a las que no les llegaba el oxígeno, se negó a entregar vacunas provocando 700.000 muertes y terminó intentando un golpe de estado cuando su contrincante, Lula, ganó en 2022. Hoy está preso con una condena a 27 años. Pero lo votaron. Y 50% de la población votó a su hijo que tenía el mismo proyecto mierd@ que el presidente de Argentina sumado a una profunda evangelización (mentirosa, claro, el tipo estaba en un yate con 3 prostituas durante la pandemia negociando una vacuna cara pero que le daba réditos a él y sus amigos mientras la gente se moría) de las instituciones.
Con este contexto, uno se pregunta qué tienen que ver las redes sociales. Todo. Ambos (en realidad, tres) energúmenos ganaron gracias a las redes sociales. Gracias a los reposts de reels en Instagram con recortes que hacía que la gente se sintiera identificada. Con retuits o como diablos se llamen ahora de mensajes llenos de odio hacia el pobre que no trabaja y que vos, dueño de un almacén, mantenés con tus impuestos. Con algoritmos que alimentan ese odio al otro. O alimentan aquello que te hace scrollear hasta las 2:00 am, indignarte, gritarle al celular, escribir mensajes rabiosos o respuestas violentas bajo el pseudónimo de "El matador de vagos" o similares.
Se supo que Meta (Instagram, Facebook y WhatsApp) impulsaba posts o mensajes a favor de la derecha brasilera en estas últimas elecciones. Que censuraba o quitaba cuentas y posts de cuentas de izquierda. Pero a pesar de todo, cuando el proclamado "Exército de Lula" empezó a hacerle el juego a Meta, no lo pudieron parar. Dieron vuelta una elección que parecía perdida.
¿Qué pasó?
André Janones, un abogado influencer partidario de Lula, decidió que basta de amor y cariño y aguantar fake news y recortes de videos. Era hora de usar lo que se tenía de la mejor forma posible. Armó un grupo de WhatsApp que tuvo más de 10 millones de personas. En él, enseñó que no se debía interactuar con posts de la derecha. No se tenía que compartir reels, hacer comentarios, nada. Mandó videos y enlaces para compartir en Instagram, en WhatsApp y daba tareas concretas para que los seguidores compartieran con otros y aumentaran su presencia en redes.
El resultado fue que Lula es tetra campeón y Bolsonaro hijo huyó como un cobarde para EEUU, donde está otro cobarde que responde al nombre de hermano y se llama Eduardo Bolsonaro.
Y acá viene la pregunta: ¿salir o resistir?
No creo que haya una respuesta clara. Una persona en Mastodon escribió que lo mejor era que las personas salieran de las redes y se informaran fuera de ellas. La realidad es que hoy las personas no quieren salir y no quieren informarse fuera de ellas. Lo veo todo el tiempo con parientes (no con amigos; no tengo amigos que votan contra su propia clase por ver un reel. Somos todos docentes al fin y al cabo).
Yo hoy voy más por el camino de resistir; gracias a Janones, veo la cosa diferente. Usar lo que tenemos para lo que podamos. Yo tengo Instagram ahora. No lo uso por diversión. No lo uso para indignarme. No lo uso para interactuar directamente con nadie. Lo uso para romper el algoritmo de alguien. Nada más.
Para compartir, para hablar, para saber, sigo mi camino fuera de las redes privativas. Pero mientras haya millones de personas que las usan, hay que hacer la gran Max Headroom (busquen si son chicos) e interrumpir ese viaje algorítmico donde piensan igual a vos.